Twitteo, casi, para comentar que mi media hora de asueto dominical se la dediqué al final a la exposición de Gabriele Basilico. No pude verla entera, pero me fui con la agradable sensación de haber descubierto un refugio al que poder volver al menos hasta febrero del próximo año. Cuando salí de nuevo a la ventisca, el mundo parecía algo menos odioso.
martes, 2 de diciembre de 2008
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